Los monjes budistas

Los monjes budistas

Los cinco ascetas, que pasaron a la posteridad como los primeros discípulos de Buda, constituyeron el núcleo de una comunidad monacal que día tras día iría aumentado. Sin duda alguna el tipo ideal de los budistas sigue siendo hoy el monje, en oposición al brahmanismo que tiene como ideal al brahmán: el hombre rico y dominador, orgulloso de su casta que, primorosamente ataviado, realiza las ofrendas. Los monjes budistas viven retirados en sus monasterios. No pueden tomar parte en danzas profanas, sesiones de teatro, fiestas en general. No pueden llevar adornos, no pueden usar ungüentos y perfumes.
Ataviados con su típica túnica azafrán, con algún utensilio para la reparación del vestido, rasurada la cabeza y con un cordón de 108 bolas para rezar y una escudilla para mendigar el alimento... el monje caracteriza al budismo.
El monje ha de mendigar el alimento de cada día. Al pedir limosna hace un favor al laico pues le ofrece ocasión de realizar una buena obra. Por esa razón es el laico quien le da las gracias al monje a la par que le ofrece el alimento.
El ideal de vida de un budista no es llegar a ser hombre santo, sino hombre "iluminado". Toda la austeridad se encamina sólo a apagar el deseo interior con el fin de poseer la ansiada libertad por el ejercicio de la meditación.
Es esta meditación por donde llegará a la experiencia profunda del yo y del no-yo. La perfección consiste en que el monje pierda conciencia de todo. Entonces sobreviene la liberación. Así llega a percibir cómo el mundo y su cambio constante, con todo el sufrimiento, no es más que una apariencia. De este modo llega a pregustar la alegría eterna del Nirvana. Cuando despierte de la meditación a la vida normal, volverá al mundo del sufrimiento, pero habrá experimentado un poco la felicidad del Nirvana. Con la repetición irá anulando dentro de si todo deseo. Si al morir está libre de los afanes de la vida, entrará definitivamente en el Nirvana.
Los que no tienen fueras para una forma de vida tan difícil y tan llena de renuncias viven en familia como unos laicos budistas. Estos, sin abandonar la vida del mundo, deben atenerse a los cinco preceptos morales de Buda:
  • No matarás ninguna vida
  • No cogerás lo que no se te ha dado
  • No practicarás la impureza
  • No dirás mentiras
  • No tomarás bebidas fuertes ni licores intoxicantes que causen somnolencia.




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    Sobre el autor

    Agustín Burgos Baena

    Máster de finanzas en dirección financiera, con especialización en análisis bursátil y banca y gestión de activos financieros. Doctorando en Administración sobre la gestión y la creación de valor en las empresas.