La mística: El origen de la religión

Todas las cosas tienen su otro lado. Y captar el otro lado de las cosas es darse cuenta de que lo visible es parte de lo invisible: eso es lo que hace la mística. Mística viene de misterio. Misterio no es el límite del conocimiento. Es lo ilimitado del conocimiento. Conocer más y más, entrar en comunión cada vez más profunda con la realidad que nos envuelve, ir más allá de cualquier horizonte y hacer la experiencia del misterio. Todo es misterio: las cosas, cada persona, su corazón... el universo entero.
El misterio no se presenta como aterrador, como un abismo sin fondo. Irrumpe como voz que invita a escuchar más y más el mensaje que viene de todas partes, como un llamado seductor a moverse más y más en la dirección del corazón de cada cosa. El misterio nos tiene siempre admirados y hasta fascinados, sorprendidos y hasta exultantes.
Mística significa la capacidad de conmoverse ante el misterio de todas las cosas. No es pensar las cosas, sino sentir las cosas tan profundamente, que llegamos a percibir el misterio fascinante que las habita.
Pero la mística revela la profundidad de su significación, cuando captamos el hilo misterioso que las une y reúne, liga y religa todas las cosas haciendo que sean un Todo ordenado y dinámico. Es la Fuente originaria de la cual todo dimana y que los cosmólogos llaman con el infeliz nombre de «vacío cuántico».
Las religiones osaron llamar Dios a esta realidad frontal. No importan sus mil nombres: Yavé, Padre, Tao, Olorum... Lo que importa es sentir su atención y celebrar su presencia. Mística no es por tanto pensar «sobre» Dios, sino sentir a Dios con todo el ser. Mística no es hablar «sobre» Dios, sino hablar a Dios y entrar en comunión con Dios. Cuando rezamos, hablamos con Dios. Cuando meditamos, Dios habla con nosotros. Vivir esta dimensión en lo cotidiano es cultivar la mística.
Al traducir esa experiencia incomunicable, elaboramos doctrinas, intentamos ritos, prescribimos actitudes éticas. Nacen entonces las muchas religiones. Detrás de ellas y de sus fundamentos se da siempre la misma experiencia mística, el punto común de todas las religiones. Todas ellas se refieren a ese misterio inefable que no puede ser expresado adecuadamente por ninguna palabra que esté en los diccionarios humanos.
Cada religión posee su identidad y su forma propia de decir y celebrar la experiencia mística. Pero como Dios no cabe en ninguna cabeza, ya que es mayor que todas ellas, siempre podemos añadir algo a fin de mejor captarlo y traducirlo para la comunicación humana. Por eso, las religiones no pueden ser dogmáticas ni sistemas cerrados. Cuando eso ocurre, surge el fundamentalismo, enfermedad frecuente de las religiones, tanto en el cristianismo como en el Islam.
La mística nos permite vivir lo que escribió el poeta inglés William Blake (+1827): «ver un mundo en un grano de arena, un cielo estrellado en una flor silvestre, tener el infinito en la palma de su mano y la eternidad en una hora». He ahí la gloria: sumergirse en aquella Energía bienhechora que nos llena de sentido y alegría.

La mística: El origen de la religión

Desde las aproximaciones filosóficas y psicológicas se invierten los términos de esta relación.
En las dos fuentes de la moral y la religión: La mística es la forma por excelencia de la religión, la religión abierta. "La religión es la cristalización operada por un enfriamiento racional (savant-sabio) de lo que el misticismo vino a depositar incandescente en el alma de la humanidad. Por (la religión) todos pueden obtener un poco de lo que poseyeron algunos privilegiados". "La religión es al misticismo lo que la vulgarización a la ciencia" Bergson hace una relectura de la teoría de la evolución. Su intento es superar el positivismo. En la realidad se puede entrar y hacer experiencias gracias a la categoría de la duración, y en el tiempo no hay paréntesis: "El yo duradero, el yo que dura".
Ve dos corrientes en la evolución:
  • Religión estática. Lo instintivo en el espíritu, la costumbre, el hábito, la norma.
  • Religión dinámica. El culmen de la evolución humana es la mística. Pues es libre, no se deja atrapar por la norma, es libertad, es poder poetizar...
  • "La mística como fuego que quema, y deja unas cenizas que son la religión"
    El objetivo del místico: Introducir en el mundo la religión dinámica abierta a la creación.

    El impulso vital

    Es el impulso que llega del fondo, es una corriente de energía vital.
    Misticismo = Volcanismo espiritual. Es el punto de partida la religión dinámica, de la mística.
    Religión estática: Quien reflexiona corre el peligro de soñar al día siguiente y separarse del grupo. Esta doble tentación, fatal para la especie ha sido rechazada por la aparición de la religión estática. "La religión estática agrega al hombre a la vida, y por consiguiente al individuo a la sociedad" . Al exaltar la inteligencia, ¿no le coloca ya su techo?
    La religión estática es una salvaguarda sobre lo efectos corrosivos de la reflexión del hombre sobre su condición. La evolución no es un hecho de la casualidad, sino el esfuerzo creador, por eso el hombre debe volver a colocarse en el eje de la evolución. Ese volver coloca al hombre en la dirección de lo divino.
    Definición de mística: "Este esfuerzo, este acto, este deseo de reencontrar, bajo las cenizas, la tierra y la roca, el río incandescente de la vida"
    La religión estática cosa de grupos y sociedades. El hombre queda estructurado.
    La religión dinámica es aspiración hacia el reino de la libertad, interesará ante todo la persona. Pondrá de nuevo al individuo, a algunos, en las fuentes mismas de la vida. Hombres de heroísmo inventivo, raros individuos.
    "...Almas privilegiadas han surgido que se sentían emparentadas con todas las almas y que, en lugar de quedarse en los límites del grupo y de mantenerse en la solidaridad establecida por la naturaleza, se lanzaban a la humanidad en general en un impulso de amor"
    Cada una de estas almas representa la creación de una nueva especie. Irradian entusiasmo. Porque están en Dios irradian alrededor de ellos fuerza y luz, "un amor que parece ser la esencia misma del esfuerzo creador".
    El misticismo conduce a esta existencia completa (la individualidad), dinámica, en la que el yo se encuentra al fin consigo mismo perdiéndose en el Absoluto. Bergson cree en la almas privilegiadas, algunas, pero no cree que haya una sociedad mística. Pues ya que sólo algunos llegan a esta existencia completa, el resto de mortales por más que se les hable de la experiencia mística, no entenderán nada, si no han probado algo de ella. Es necesario hacer experiencia de la mística.

    Dos misticismos

    Dos formas de misticismo: Contemplación y Acción.
    Siguiendo a Bergson en su idea del esfuerzo creador, el misticismo de acción es visto como la forma más completa. "Acción, creación, amor".
    Bergson hace una crítica al misticismo griego y oriental, pues se han quedado quietos a medio camino. El contemplativo griego lleno de riquezas percibidas en el éxtasis no vuelve a la tierra a irradiar luz. Y el sabio hindú debe de comprender que la purificación no es en principio separación o abstracción.
    El misticismo completo aparecerá con los grandes místicos cristianos. De hecho los grandes místicos han sido hombres y mujeres de acción.
    El misticismo para Bergson tiene un doble interés:
  • Aportar luz sobre la esencia de la naturaleza del impulso vital.
  • Proporcionar el medio de abordar experimentalmente el problema de la existencia y la naturaleza de Dios.
  • Pues la mística es experiencia de Dios o no es nada.

    La evolución mística

    Bergson ve un proceso muy parecido en los testimonios de los místicos:
    La mística antigua se quedaba aquí. Pero el alma cristiana inundada del Amor desborda en acción: "Uno ha visto, uno ha tocado, uno sabe", ¿Cómo acallar ahora?
    El alma es arrastrada por un enorme impulso, una corriente. "La contemplación en los místicos se derrama en acción."
    El místico no vive sólo del amor a Dios, vive "del amor de Dios para todos los hombres. A través de Dios, por Dios, el místico ama a toda la humanidad con un amor divino".
    Ante las objeciones de que los místicos eran unos desequilibrados, Bergson da unas explicaciones psicológicas de la experiencia mística: argumenta desde unas constantes:
    "Hay, sin embargo, una salud intelectual sólidamente asentada, excepcional, que se reconoce sin dificultad, se manifiesta en el gusto por la acción, la facultad de adaptarse y readaptarse a las circunstancias, la firmeza unidad a la elasticidad, el discernimiento profético de lo posible y de lo imposible, un espíritu de sencillez que supera complicaciones, en fin un sentido común superior.
    ¿No es esto lo que se encuentra en los místicos de los que hablamos? ¿Y no podrían tales místicos servir de modelos para la definición de la robustez intelectual?".
    Los místicos tienen otra nota común, el gozo, que no sólo es signo tangible de la presencia de Dios, sino que acompaña a la creación auténtica: "Allí donde hay gozo hay creación: cuanto más rica es la creación, más profundo es el gozo". Un gozo que sirve de guía e ilumina el camino.
    LA MÍSTICA CRISTIANA: "Los místicos son imitadores y continuadores originales, pero incompletos, de lo que fue de forma completa el Cristo de los evangelios", y que cuenta entre esos místicos a San Pablo.
    El misticismo nos descubre el secreto de la vida, es decir, el amor, un amor dinámico, proceso de tensión y transformación, energía vital destinada a conducir a la humanidad hasta su destino, Dios.
    La vida intensifica su esfuerzo según va arrastrando a la conciencia hacia más-ser, hacia los caminos de Dios.
    Para Bergson al lado del místico todos somos unos ciegos. Miramos sin ver, escuchamos sin oír, mientras que para el místico el plan de Dios se manifiesta en la creación entera.

    5 TEMA VI. Religión y mística (M. Fraijó, A vueltas con la religión, Verbo Divino, Estella, 2.ª ed., 2000, pp. 221-239). Cfr. la bibliografía del tema 18 de la asignatura Filosofía de la religión.


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    Sobre el autor

    Agustín Burgos Baena

    Máster de finanzas en dirección financiera, con especialización en análisis bursátil y banca y gestión de activos financieros. Doctorando en Administración sobre la gestión y la creación de valor en las empresas.