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Historia de las religiones en Oriente Medio

Oriente Medio, también llamado Oriente Próximo, es una región situada en el sudoeste de Asia y el noreste de África. Comprende los países de Egipto, Irán, Irak, Israel (país que trataremos más adelante), Jordania, Kuwait, Líbano, Arabia Saudí, Siria, Turquía, Yemen, Bahrein, Omán, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Los primeros asentamientos humanos, ciudades, gobiernos, códigos de leyes y alfabetos proceden de Oriente Medio. Cuatro de las principales religiones del mundo -judaísmo, zoroastrismo, cristianismo e islamismo- surgieron en esta región. Estos asentamientos se organizaron a medida que los pueblos antiguos aprendían a controlar los cauces de los grandes ríos de Oriente Medio -Nilo, Tigris, Éufrates e Indo- para desarrollar la agricultura y transformaron en religiones sus creencias sobre el Universo, las relaciones humanas y el significado de la vida y la muerte.
En el siglo VI a. C., los persas conquistaron Oriente Medio y establecieron un sistema de gobierno que se convirtió en modelo de todos los imperios posteriores. Persia, no pudo conseguir la total homogeneidad de todos sus súbditos. Por ello, les permitió conservar sus creencias y prácticas religiosas, siempre y cuando obedecieran las leyes persas, pagaran sus impuestos al estado persa y enviaran a sus hijos a servir en los ejércitos imperiales. Aunque los distintos territorios del imperio persa estaban unidos por buenas vías de comunicación y tenían un idioma de uso administrativo común, los pueblos del imperio gozaban de una amplia autonomía. La religión del Estado era el zoroastrismo, aunque se toleraban otras religiones. En el siglo IV a. C. Persia, debilitada por las rebeliones y los conflictos internos, fue conquistada por Alejandro Magno.
La conquista de Alejandro abrió un periodo en el que Oriente medio formó parte del mundo helenístico. La cultura griega se mezcló con las prácticas locales, cuando Alejandro tomó prestadas ideas y costumbres de Egipto, Mesopotamia y Persia. Alejandría, el puerto de Egipto bautizado así en su honor, se convirtió en un destacado centro cultural y comercial. Mientras el poder macedónico declinaba, en la división de su imperio entre sus generales, los romanos conquistaron la mayor parte de Oriente Medio, con la excepción de Persia, que permaneció independiente bajo dos dinastías: los partos y los sasánidas. El dominio romano aportó a la región leyes comunes y buenas carreteras que facilitaron el comercio con Egipto, Siria y Asia Menor. Varias religiones de Oriente Próximo -el judaísmo, después el cristianismo y el mitraísmo (culto a Mitra)- compitieron en todo el Imperio romano por ganar adeptos. A principios del siglo IV d. C. Prevalecería el cristianismo. Constantino I el Grande, el primer emperador romano cristiano, estrechó los lazos con las regiones orientales del Imperio al trasladar su capital a Bizancio. Rebautizada la ciudad con el nombre de Constantinopla, se convirtió en una gran ciudad y fue la capital del Imperio romano de Oriente.
A principios del siglo VII, Mahoma desarrolló una religión nueva entre los pueblos nómadas de Arabia. Proclamado profeta de Dios, fundó una comunidad de creyentes que se llamaron a sí mismos musulmanes (“los que entregan su alma a la voluntad de Dios”) y a su fe Islam (“sumisión a Dios”). Antes de la muerte del profeta, sus doctrinas basadas en algunas tradiciones judeocristianas y árabes, habían impregnado profundamente las creencias de las tribus árabes.
Los sucesores de Mahoma, llamados califas, extendieron ampliamente los dominios del Islam hacia Siria, Mesopotamia, Persia y Egipto. La rapidez de estas conquistas árabes se debió a la debilidad interna del Imperio romano de Oriente y de la Persia sasánida. Los cristianos y judíos pudieron mantener sus prácticas religiosas pagando un tributo como “pueblos protegidos” y mientras no se sublevaran. Pocos pueblos conquistados se convirtieron al Islam inmediatamente, pero siglos de matrimonios mixtos y de convivencia favorecieron las conversiones que transformaron finalmente el área en una región de predominio musulmán.
Después de la muerte de Mahoma y de sus cuatro primeros sucesores, la dirección política y espiritual del Islam, representada por el califato, fue ejercida por dos dinastías sucesivas: los Omeyas y los Abasíes. Los Omeyas conquistaron el norte de África, la mayor parte de la península Ibérica y Asia central. Los Abasíes promovieron el comercio y la cultura y dieron a los conversos no árabes el mismo tratamiento que a los árabes musulmanes, pero perdieron el control de las áreas periféricas. Así surgieron nuevas dinastías.
A principios del siglo X, Oriente Medio fue invadido por los turcos. Adoptaron la fe, las leyes y la cultura de los musulmanes locales y pronto gobernaron la mayor parte de sus territorios. La dinastía de los Gaznawíes difundió el Islam por toda India. Otra dinastía, los Selyúcidas, arrebató Asia Menor a los bizantinos. Esta invasión precipitó el llamamiento a las Cruzadas. Tropas de Europa occidental llegaron a la costa oriental mediterránea para luchar y recuperar en nombre de la cristiandad Jerusalén y los Santos Lugares. Más dañina para el Islam fue la invasión del Imperio mongol en el siglo XII, que destruyó Irak e Irán.
Después del siglo XVI, los grandes imperios musulmanes entraron en decadencia.Al resurgimiento de Irán durante el siglo XVIII siguieron años de decadencia. El Imperio otomano se mantuvo durante más tiempo. Algunos otomanos del siglo XIX intentaron occidentalizar su ejército y administración y la afluencia de expertos, empresarios y tecnología europea cambió muchos aspectos de la sociedad otomana. Muchos musulmanes que desconfiaban de occidente se resistieron a los cambios, aunque otros aceptaron las corrientes ideológicas nacionalistas y democráticas procedentes de Europa. El territorio bajo control otomano que recibió mas influencia occidental fue Egipto. Sin embargo, fueron incapaces de mantener su independencia y Egipto cayó bajo control británico.
En el siglo XX, aumentó la inmigración judía a Palestina, encendiendo así las protestas de la mayoría árabe, que temía que los judíos alcanzaran el poder. Los esfuerzos británicos por frenar la inmigración encolerizaron a los judíos palestinos, que se rebelaron en contra de Gran Bretaña. En 1.947, las Naciones Unidas aprobaron la división de Palestina entre judíos y árabes, pero todos los Estados Árabes rechazaron el plan. En 1.948, cuando las tropas británicas se retiraron de Palestina, los judíos declararon la independencia del Estado de Israel. Cinco décadas mas tardes y después de numerosas guerras, el problema palestino se mantiene aún sin resolver. Las relaciones árabe-israelíes continúan siendo hostiles, aunque Egipto firmó un acuerdo de paz con Israel en 1.979 (Tratado de Camp David) ante la oposición de los restantes Estados árabes. Los conflictos a partir de la década de 1.980 estuvieron muy determinados por la proclamación de la República islámica en Irán, que impuso un régimen integrista islámico desde postulados shiíes. La intervención de Israel y Siria en el Líbano, arruinado por las luchas entre facciones políticas y religiosas, una guerra entre Irán e Irak y la guerra del Golfo Pérsico son los acontecimientos más destacados. Un aspecto muy importante de este periodo fue el resurgir de los grupos islamistas, principalmente en Líbano, Palestina y Egipto.
EE.UU. y la Unión Soviética apoyaron la celebración de la Conferencia de Paz de Madrid, que estableció el principio de un acuerdo entre israelíes y palestinos. En 1.993, el primer ministro israelí Isaac Rabin y el dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasir Arafat aceptaron la firma de un acuerdo de paz histórico. En 1.994, Rabin y el rey Hussein de Jordania firmaron un acuerdo de paz que estableció las bases de un tratado de paz formal y la cooperación económica entre los dos países.


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Sobre el autor

Agustín Burgos Baena

Máster de finanzas en dirección financiera, con especialización en análisis bursátil y banca y gestión de activos financieros. Doctorando en Administración sobre la gestión y la creación de valor en las empresas.