El último tercio del Siglo XX

El último tercio del siglo XX: “¿la revancha de Dios?”

Cuando el siglo XX se acercaba a su último tercio, la religión parecía estar en declinación como factor a considerar en el panorama internacional. Por ejemplo, el Estado de Israel era laico, las revoluciones nacionalistas como las de Nasser en Egipto, las de Siria e Irak, así como los movimientos independistas en el Norte de Africa, se definían también como laicos. En Europa Oriental, sometida al dominio soviético, lo religioso era reducido a silencio por lo que “la ideología de alguna manera ocultó lo espiritual”. En Europa Occidental y los Estados Unidos, el secularismo parecía relegar lo religioso al ámbito privado.
Gilles Keppel, señala al año 1977 como el comienzo de lo que da el título a su libro, “la revancha de Dios”. Ese año en Israel el laborismo perdió la mayoría en el Knesset y Menahem Begin llegó al gobierno, en tanto que los movimientos sionistas religiosos multiplicaban sus implantaciones en los territorios ocupados. En octubre de 1978 Karol Wojtyla fue elegido Papa, y con él, “venido de lejos”, de la católica Polonia, adquirió voz la Iglesia del Silencio. La incidencia de la figura de Juan Pablo II en el derrumbe del imperio soviético es indudable, ya que minó dos de sus pilares, el miedo y la mentira3. En enero de 1979 el Shah Mohammed Reza Pahlevi fue derrocado. El exiliado Ayatollah Khomeini, que encarnaba la vertiente shiita del Islam, fue recibido por una multitud que lo consagró su líder político y todo el país quedó sujeto a rigores religiosos inimaginables en un país occidentalizado, exteriormente al menos. El enemigo norteamericano fue caracterizado por el Ayatollah como “el Gran Satán”. Paralelamente, en otros países de mayoría islámica, avanzan los partidos que exaltan los principios religiosos, incluso en Turquía, donde cada vez mayor número de mujeres adoptan el “chador”, revirtiendo el secularismo impuesto por Kemal Ataturk. En los países árabes, y en regiones de Africa y Asia hay un renacer del Islam, que se advierte incluso entre los inmigrantes de Europa Occidental, la Unión Soviética y hasta la misma China. En EEUU, por su parte, se detecta el avance de los “nuevos movimientos religiosos” de tipo conservador, que hoy con la presidencia de George W. Bush, alcanza su mayor expresión. Y no es que en los Estados Unidos no hayan gobernado presidentes de fuerte impronta religiosa, como fue el caso del bautista Jimmy Carter, a quien, precisamente, le tocó la crisis de los rehenes de Irán en los albores del régimen de Jomeini. Los ejemplos de este resurgir de lo religioso son múltiples, incluso en América Latina, que desde mediados de los sesenta teñirá diversas y contrapuestas opciones ideológicas y políticas, las cuales han sido objeto de estudios y análisis que excederían lo somero de este panorama. No obstante, a diferencia de otras latitudes, no han existido enfrentamientos debidos a distintas pertenencias religiosas en un continente mayoritariamente católico.
El final del siglo XX desmintió a quienes apostaban a un repliegue de lo religioso. Aunque lo deseable sería que el aporte de la fe fuera siempre el mensaje de paz que es común a las grandes religiones, en la realidad se ha visto como se han reeditado prejuicios y odios, justificaciones bélicas y expresiones de intolerancia en nombre de la religión.
Con todo, las motivaciones religiosas son más factores que ejes del conflicto. A veces la fe puede estar en el origen de la lucha, como ocurre en Irlanda, donde siglos de dominación inglesa se entremezclaron con el intento de sofocar la identidad católica del pueblo, o en los Balcanes, donde cristianos – católicos y ortodoxos- y musulmanes han quedado inmersos en hostilidades que van más allá de las creencias y que despertaron con feroz virulencia con la atomización de Yugoeslavia. Líbano, durante mucho tiempo ejemplo de convivencia entre las grandes confesiones e iglesias, sufrió por estar geográficamente en el medio de vecinos dispuestos a asifixiarlo, y ello repercutió en las relaciones entre aquéllas (por ejemplo, la Falange de Gemayel, maronita, estaba cerca de la posición israelí frente al avance sirio). En Tierra Santa no hay conflicto judío- musulmán, como a veces se dice, sino un enfrentamiento de palestinos, entre los que hay musulmanes y cristianos, con israelíes, en su casi totalidad judíos. Los aspectos religiosos periódicamente pasan a primer plano: el premier Ariel Sharon en la explanada de la mezquita de Omar en la cuidad de Jerusalén fue el detonante de la crisis actual; la proyectada mezquita de Nazareth confrontó a musulmanes con la cada vez más raleada comunidad cristiana; la Basílica de la Natividad, en la que se refugiaron palestinos fue objeto de asedio y ataque por fuerzas israelíes. Y los ejemplos podrían multiplicarse.

9 TEMA X. Las religiones y la paz (H. Küng, Proyecto de una ética mundial, Trotta, Madrid, 1991, pp. 93-131).
  • Gilles Kepel: “La revancha de Dios”, Anaya y Mario Muchnik, 1991.
  • Doudou Diène, Director, División de Proyectos Interculturales de la UNESCO en: “ Encuentro de las tres confesiones religiosas, cristianismo, judaísmo, islam”, Dirección General de Asuntos Religiosos, Ministerio de Justicia, Madrid, 1999).
  • Georges Weigel subtitula “Haciendo frente a un imperio de mentiras” el Cap. IX de “Testigo de la esperanza”, ( Plaza y Janés Editores S.A. 1999).


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    Sobre el autor

    Agustín Burgos Baena

    Máster de finanzas en dirección financiera, con especialización en análisis bursátil y banca y gestión de activos financieros. Doctorando en Administración sobre la gestión y la creación de valor en las empresas.