Doctrinas del Hinduismo

La doctrina del Hinduismo

La tolerancia es típica en el hinduísmo. Si hay una religión antidogmática es el hinduísmo. De hecho acepta pluralidad de caminos para conocer y alcanzar no tanto la fe en una divinidad sino más bien para aceptar un orden universal y cíclico que rige el mundo y la sociedad.
Más que una fe, el hinduísmo es una sabiduría. Una manera de vivir. Una religión social más que una fe religiosa. Un sinnumero de enfoques, caminos o religiones en las que entresacamos un tronco común: las doctrinas de la conquista de la liberación de la implacable rueda de las reencarnaciones.

El Brahman

El Brahmán en los Libros de los Vedas designaba el poder, la energía eficaz de los encantamientos rituales, los mantras y los sacrificios. Debido a la complicación del Ritual Védico sobre el Sacrificio, éste se desconecta del panteón védico para convertirse en un fin él mismo.
Más tarde, los Brahmanas y los Upanisads identificaron esta energía con la fuerza creadora que mantiene el universo. Las reflexiones posteriores (s.VIII a. JC) llevará a considerar el Brahman como lo único que existe, la esencia de la realidad y de los fenómenos. Es el "Gran Uno" ("tat"), la totalidad, lo absoluto impersonal e indefinible que transciende todo el universo. Es el alma neutra del mundo. No los dioses sino la esencia de los dioses.
Por una serie de mutaciones naturales se llega a transformar la adoración de los dioses védicos (personales y protectores de la naturaleza) en un principio único llamado Brahma (realidad pasiva y estática por encima de los otros dioses que pasan a ser unos super-hombres ("devas" o luminosos) que plasman diferentes facetas de "Lo Único". Hay, pues, una minusvaloración de los dioses que quedan sometidos a "LO UNICO".
El "Atmán" es la manifestación individual de ese "uno universal". El Brahma se manifiesta y se hace presente en cada uno por el atmán. Cada uno no es más que un aspecto de ese gran "tat".
De ahí surgen las siguientes leyes o constataciones:
  • El hombre sufriente:
    La existencia empírica es un mal en sí
    La existencia empírica supone una serie de nacimientos y muertes en cadena (Doctrina del Samsara), debidas al efecto de las obras (Doctrina del Karman), de las cuales no hay escapatoria posible (pesimismo)
  • La sed de liberación:
    Una liberación de este ciclo es deseable y equivale a una salvación (Doctrina del Moksha)
  • Búsqueda del camino:
    Esta liberación (o Moksha) se obtiene ante todo por el conocimiento de la Suprema Verdad sobre el Brahmán-Atmán, que confiere al poseedor decidir su destino propio. El alma es un peregrino cuyo destino y objetivo final es la extinción del deseo.
    La disciplina ascética y la castidad son preliminares necesarios para la consecución de un estado de conciencia que haga necesariamente posible tal conocimiento y la consiguiente ruptura de la rueda de reencarnaciones.


  • La doctrina del Samsara

    Es lo que llamamos comúnmente la "transmigración de las almas" y que sería mejor llamar "metempsicosis" o "metemsomatosis" (transmutación de un cuerpo en otro).
    La palabra viene de "Sam si" (fluir con). El samsara es la corriente perpetua y cíclica que arrastra el "atmán", el alma individual, a través de las reencarnaciones sucesivas. Está simbolizado en una rueda siempre en movimiento, o también en la sucesión de las olas de un río incesante.
    El "atmán", el alma eterna, está desterrada en el cuerpo. A esta situación de cautividad se le llama "hamsa". Como un ave migratoria, el "hamsa" va volando de cuerpo en cuerpo, sin fin, durante toda la duración del ciclo cósmico, antes de romper definitivamente con esa sujeción y fundirse con el "brahmán".
    Pero embarazada por el peso de sus malas acciones, va bajando en la escala de los seres, renaciendo en el cuerpo de un hombre de categoría inferior, y hasta de un animal o una planta. O bien, aligerada por sus buenas acciones, se va elevando hasta alcanzar el "brahman".

    La doctrina del Karman

    Esta palabra, en sánscrito, significa "acto", "obra". Más concretamente, el karman es la fuerza "invisible", "inaudita", que emana de todos los actos humanos. Esta energía es la que hace al "atmán", al alma, prisionera de un cuerpo y le obliga a reencarnarse. El karman hinduista es algo así como el balance de nuestros actos: de nuestras y malas acciones.
    Así dice la ley del karman: "somos lo que hemos hecho, seremos lo que hagamos o haremos". Pero la conciencia del débito acumulado desaparece con la introducción del atmán en otro cuerpo.
    Para evitar la pesadez del karman, el ideal sería no obrar. Este camino ha tentado siempre a numerosos hinduistas. Vivir como si no existiéramos: esto respetaría a la vez el orden del mundo y aliviaría el karman. De ahí esa impresión de fatalismo y de inercia que pueden ofrecer las masas indias frente al activismo febril de los occidentales. Ahí hay que inscribir la permanencia (de facto) del sistema de castas en la India pese a que la Constitución de la República India considera a toas las personas iguales.
    Otros piensan escaparse del karman mediante la devoción o los sacrificios a su divinidad preferida: Visnú, Siva, Krisna... o mediante la ascesis del yoga, desatando así todos los vínculos con el mundo. Los "Shadus" o santones hindúes y "Yoguis" o ascetas son numerosos en la India y parte de su conglomerado socio-religioso.
    De esta manera la ley del Karman queda paliada en su fatalismo ya que depende de los esfuerzos del hombre para liberarse de dicho peso. Esta esperanza da sentido a la existencia del hombre. El objetivo de la existencia, a pesar de los renacimientos es la liberación. Los hindúes la llaman "moksa". Dicha liberación deja el alma libre del "karman" y se funde definitivamente con el "brahman".

    La ley del "dharma"

    Dharma proviene de una palabra sánscrita cuya raíz "dhr" significa sostener, mantener. El dharma es la ley que mantiene el orden del mundo. Esta noción es fundamental en el hinduísmo de modo que le da nombre ("Sanatana dharma": La ley eterna).
    El orden que existe en el universo, el de los dioses y sus relaciones, la naturaleza y su ciclo de astros, estaciones que regulan las cosechas y el brote de las plantas, el hombre y sus relaciones sociales con sus jerarquías de las castas y el orden moral de cada hombre. El "dharma" es el funcionamiento armonioso del universo.
    Pero existe un "a-dharma" o ausencia de orden, una especie de mal que todo lo distorsiona y que se traduce en sed de ganancia, violencia, apetito de los placeres, ganancias, éxito... Todo eso aleja el momento de liberación. Por eso el respeto el "dharma" exige aniquilar en uno mismo la ambición y la concupiscencia (el "a-dharma"). El culto y ritos ayudan a ello y sobre todo la devoción o "bhakti" (relación espiritual y mística del fiel y su dios).



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    Sobre el autor

    Agustín Burgos Baena

    Máster de finanzas en dirección financiera, con especialización en análisis bursátil y banca y gestión de activos financieros. Doctorando en Administración sobre la gestión y la creación de valor en las empresas.