Actores intencionales

Análisis técnico de la industria materiales básicos


Agustín Burgos Baena portada






3.2 ACTORES INTENCIONALES Al adoptar un esquema de carácter actuacional, estamos reconociendo la intencionalidad de la acción individual. Esta se desarrolla en un ámbito social que puede considerarse como un sistema de interdependencia, como una etapa histórica, ó como una etapa circunstancial. Cada actor tiene su propio margen de maniobra en cada campo, aunque todos los campos estén regulados y estructurados, explotando conscientemente zonas de incertidumbre para promover sus propios intereses. El contexto en el que se mueven los actores tiene una influencia muy significativa sobre sus decisiones, pero sin embargo, los factores institucionales ó sociales no determinan de manera absoluta las conductas de los actores públicos y privados. No compartimos que los fenómenos sociales poseen una naturaleza y unas leyes que conducen a los individuos a realizar determinadas acciones. Proponemos que las políticas públicas son el resultado de conductas y decisiones autónomas de los actores. La zona de incertidumbre es particularmente grande en el caso de impactos externos (p.ej. catástrofes naturales), en los que se observan diferencias entre el comportamiento de los diferentes colectivos involucrados, en incluso en el interior de los mismos. Esto no significa que los actores sean perfectamente racionales, motivados por la maximización de su utilidad personal y totalmente informados al caso (economía neoclásica). La racionalidad de los actores se encuentra siempre limitada por razones cognitivas, afectivas, culturales, etc. El comportamiento de un actor no podrá nunca deberse sólo a la reflexión y elección de la mejor alternativa posible, sino a una mezcla de intereses personales y colectivos. Consideramos que los actores son racionales porque se preocupan por las consecuencias de sus propias decisiones y acciones. Las motivaciones de un actor son múltiples, dependiendo de su biografía y de la situación concreta. Al analista le corresponderá interpretar las acciones individuales y colectivas en función de los razonamientos y cálculos estratégicos, y también en función de la ignorancia ó la intuición de los actores, e incluso del peso de los factores históricos en algunos casos. El perfil de un actor se puede sintetizar en: • No es demasiado habitual que defina sus objetivos de manera clara y coherente. Una vez iniciada la acción, puede cambiar de objetivos porque las consecuencias le obliguen a reconsiderar su posición. • Aunque a veces parezca errático, el comportamiento de los actores siempre tiene un sentido. Los límites y las oportunidades que se plantean pueden ayudar a explicar las actitudes e iniciativas que aparentemente se alejan de sus estrategias previsibles. Cada actor adapta su comportamiento para participar en la política pública y ser reconocido por otros actores, lo que puede llegar a generar coaliciones extrañas. • Dos aspectos complementarios caracterizan el “instinto estratégico” de un actor. Por un lado, su posición es ofensiva cuando trata de aprovechar oportunidades que mejoren su propia posición, y es defensiva cuando trata de mantener ó ampliar su margen de libertad y maniobra. Así, todo actor pondera las ganancias a corto plazo y los beneficios a largo plazo, lo que le inclina a jugar en una ó varias fases de la política pública. 3.1 Actores intencionales Un esquema de carácter “actuacional” reconoce la intencionalidad de la acción individual. Esta acción se desarrolla en un ámbito social que se considera como un sistema de interdependencia como una situación circunstancial. La conducta de un actor no puede reducirse a una función o a un rol, un actor tiene siempre su propio margen de maniobra, no hay ningún campo que este perfectamente estructurado, controlado o regulado, los actores individuales y colectivos explotan conscientemente “zonas de incertidumbre” inherentes al funcionamiento interno de las organizaciones político-administrativo, a las reglas formales y a las normas social, para promover sus propios valores, ideas e intereses. Disponen de un espacio de libertad y de recursos para elaborar estrategias (comportamientos referibles a fines). La acción de los actores tiene influencia sobre las decisiones, aunque esas acciones institucionales o sociales no determinan de manera absoluta y lineal las apreciaciones, decisiones y conductas de los actores públicos y privados. No decimos que las políticas públicas posean una naturaleza y leyes que hace que los individuos realicen una acción y no otra. Al contrario, se interpretan las políticas públicas como el resultado de la conducta de actores (parcialmente) autónomos. Ante el impacto de casos extremos (accidente de una central nuclear, catástrofes naturales, etc.) los actores en el terreno reaccionan “sin sistema”, las acciones difieren en cada uno de los colectivos involucrados e incluso en el interior de los mismos colectivos. Esto no significa que los actores sean perfectamente racionales, motivados sólo por la maximización de su utilidad personal, tanto material como abstracta y totalmente informados. La racionalidad de los individuos y de los grupos sociales se encuentra limitada por razones de orden cognitivo, afectivo, cultural, etc. El comportamiento de un actor nunca podrá reducirse al logro de un objetivo definido ante una decisión basada en la reflexión y en la elección perfecta de la mejor alternativa de acción posible. Los actores son en parte calculadores y se interesan por la satisfacción de sus necesidades personales (racionalidad teleológica o utilitaria). Los actores son racionales ya que se preocupan por las consecuencias de sus propias decisiones y acciones aunque no sean capaces de controlar los efectos, sobre todo los negativos provocados por la agregación de conductas individuales. Las motivaciones de un actor son múltiples, porque dependen de la biografía del individuo o del grupo social en cuestión y porque cada situación genera límites y oportunidades para la acción (racionalidad situada). El analista debe interpretar las acciones individuales y colectivas en función de los razonamientos y las anticipaciones que resultan de cálculos estratégicos pero también en función de la situación de ignorancia o del grado de intuición de los actores, de sus emociones o sentimientos e incluso del peso de los factores históricos en ciertos casos. El perfil de un actor de una política pública sería: • Los actores normalmente no definen bien sus objetivos por lo que una vez iniciada la acción éstos pueden cambiar ya que las consecuencias no anticipadas le obligan a reconsiderar su posición, lo que se consideraba un medio se convierte en objetivo y viceversa. • El comportamiento del actor debe tratar de descifrarlo el analista. Los limites y oportunidades de una situación ayudan a explicar actitudes e iniciativas de los actores que se alejan de sus estrategias previsibles. Cada actor adapta su comportamiento para poder participar en el proceso de una política pública y ser reconocido por los actores implicados, lo que conlleva a que a veces se generan coaliciones extrañas. • Dos aspectos complementarios caracterizan el “instinto estratégico” de un actor. Por un lado su posición es ofensiva cuan trata de aprovechar oportunidades para mejorar su propia posición y hacer vales sus intereses inmediatos (juego directo sobre el contenido sustancial de la política pública). Por otro lado su proceder es defensivo cuanto trata de mantener o ampliar su margen de libertad, su capacidad de actuar más tarde si así le interesa (juego indirecto sobre el contenido institucional de una política pública). Todo actor pondera ganancia a corto plazo y los beneficios de una inversión a largo plazo lo que le inclina a actuar o “jugar” en una o varias fases de una política pública. ACTORES INTENCIONALES Al adoptar un esquema de carácter actuacional, estamos reconociendo la intencionalidad de la acción individual. Esta se desarrolla en un ámbito social que puede considerarse como un sistema de interdependencia, como una etapa histórica, o como una etapa circunstancial. Cada actor tiene su propio margen de maniobra en cada campo, aunque todos los campos estén regulados y estructurados, explotando conscientemente zonas de incertidumbre para promover sus propios intereses. El contexto en el que se mueven los actores tiene una influencia muy significativa sobre sus decisiones, pero sin embargo, los factores institucionales o sociales no determinan de manera absoluta las conductas de los actores públicos y privados. No compartimos que los fenómenos sociales poseen una naturaleza y unas leyes que conducen a los individuos a realizar determinadas acciones. Proponemos que las políticas públicas son el resultado de conductas y decisiones autónomas de los actores. La zona de incertidumbre es particularmente grande en el caso de impactos externos (p.ej. catástrofes naturales), en los que se observan diferencias entre el comportamiento de los diferentes colectivos involucrados, en incluso en el interior de los mismos. Esto no significa que los actores sean perfectamente racionales, motivados por la maximización de su utilidad personal y totalmente informados al caso (economía neoclásica). La racionalidad de los actores se encuentra siempre limitada por razones cognitivas, afectivas, culturales, etc. El comportamiento de un actor no podrá nunca deberse sólo a la reflexión y elección de la mejor alternativa posible, sino a una mezcla de intereses personales y colectivos. Consideramos que los actores son racionales porque se preocupan por las consecuencias de sus propias decisiones y acciones. Las motivaciones de un actor son múltiples, dependiendo de su biografía y de la situación concreta. Al analista le corresponderá interpretar las acciones individuales y colectivas en función de los razonamientos y cálculos estratégicos, y también en función de la ignorancia o la intuición de los actores, e incluso del peso de los factores históricos en algunos casos. El perfil de un actor se puede sintetizar en: • No es demasiado habitual que defina sus objetivos de manera clara y coherente. Una vez iniciada la acción, puede cambiar de objetivos porque las consecuencias le obliguen a reconsiderar su posición. • Aunque a veces parezca errático, el comportamiento de los actores siempre tiene un sentido. Los límites y las oportunidades que se plantean pueden ayudar a explicar las actitudes e iniciativas que aparentemente se alejan de sus estrategias previsibles. Cada actor adapta su comportamiento para participar en la política pública y ser reconocido por otros actores, lo que puede llegar a generar coaliciones extrañas. • Dos aspectos complementarios caracterizan el “instinto estratégico” de un actor. Por un lado, su posición es ofensiva cuando trata de aprovechar oportunidades que mejoren su propia posición, y es defensiva cuando trata de mantener o ampliar su margen de libertad y maniobra. Así, todo actor pondera las ganancias a corto plazo y los beneficios a largo plazo, lo que le inclina a jugar en una o varias fases de la política pública.





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Sobre el autor

Doctor en Administración y Máster en finanzas en dirección financiera de empresas, análisis bursátil, valoración de empresas y gestión de activos financieros y bancarios.